domingo, 13 de julio de 2008

Palabras de Carmen G. Hernández

Este texto es parte de un correo que Carmen G. Hernández mandó después del Orgullo en Madrid... creo que habla por sí solo sobre qué es militar, y una de las pruebas de que las lesbianas entre otras cosas "no estamos de moda" y que de repente nos reproducimos por simbiosis en el 2008, esta lucha lleva mucho tiempo en pie... y todas las personas son importantes. No hace falta ser una gran oradora, ni una gran política para ser activista. Ser activista es, simplemente, tener ganas de cambiar el mundo...

Os lo dejo para la reflexión...


Somos parte de una cadena que lleva mucho tiempo peleando pro cambiar las cosas, no estamos empezando, sino continuando. Hemos tomado el relevo y siempre con mucha gratitud a quienes vinieron antes que nosotras y nos prepararon el camino, podemos dejar nuestra huella ahora.

Una cosa que es importante es seguir abriendo el camino a quienes vienen detrás, a las activistas más jóvenes. Y dedicar parte de nuestro tiempo a estar ahí, motivando, ayudando, compartiendo experiencia, delegando, confiando, siempre dejando espacio para que cada cual se desarrolle libremente, siempre con respeto. Para mí el activismo no consiste sólo en hacer cosas, sino en ayudar a que otras y otros las puedan hacer también, porque si no pasamos el testigo, la cadena se resiente. Y por mucho que hagamos individualmente, si no pervive en otros y otras, mucho de ese trabajo se perderá.



Un día, hace ya quince años, tuve la suerte de que mujeres únicas y de diferentes generaciones como Empar Pineda, Cristina Garaizábal, Irene Saavedra (maravilloso reencuentro!) o Mamen Briz, entre otras, me ayudaran a formarme, a empoderarme. Y hoy, que ya estoy un poco más empoderada que entonces, puedo hacer lo mismo con otras mujeres y hombres. Que a su vez harán lo mismo con otras, y así sucesivamente...



Yo estoy coordinando el área, pero deben tener claro que sin ustedes, sin la aportación única de cada una de ustedes, mi labor no tendría valor. Somos un equipo. Y todas valemos lo mismo, todas somos igual de importantes y necesarias. Yo siempre pongo el ejemplo de un restaurante: unas están en cocina, otras atendiendo las mesas, otras vendiendo el restaruante... Unas salen en las fotos, otras no, pero si la cocina no funciona, no funciona nada. Y así con todo. Y a diferencia de un restaurante, estos roles cambian. Yo he estado en la cocina durante años, ahora estoy en la parte visible. Volverá otro día en que vuelva a estar en la cocina y otra mujer pase de la cocina al frente (esas "pequeñas activistas" que decía María). Eso es garantía de futuro. Pensar que esas mujeres van a ser más fuertes que yo (porque ya lo son), con las cosas más claras, con mucha más vitalidad y optimismo, es una satisfacción.

Por lo menos yo concibo el activismo así.



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